La Chiripa, la historia más contada cuando se apareció el diablo en Mazatlán

Mazatlán tiene sus propias leyendas de terror y una de ellas es la de «La Chiripa», un famoso restaurante-bar donde dicen que el diablo se apreció en persona… ¡Qué miedo!  

En la calle Belisario Domínguez, esquina con la calle Mariano Escobedo (ahora Athina Spa) había un restaurante de carnes asadas que contaba con una pequeña pista de baile, negocio en el que parejas disfrutaban de la música disco de los 80. El nombre del lugar era “La Chiripa”. Y fue allí, donde un sábado, el diablo se apareció. 

De acuerdo con el Archivo Histórico de Mazatlán, hay muchas versiones del caso, pero la más contada es la siguiente: un fin de semana, mientras la música estaba a todo volumen, hizo acto de presencia un hombre tan guapo y bien vestido, que hizo voltear hasta los caballeros, mientras que las damas se quedaron petrificadas al ver su inigualable belleza. El se sentó en la única mesa desocupada: la de la esquina, coincidencia tal vez, pero esa mesa donde se sentó era justamente la primera que veías cuando entrabas a ese lugar. 

Con su mirada recorrió el lugar y sin mencionar palabra, solo levantó el brazo para que le tomaran la orden, el mesero rápido y veloz se acercó callado contra su costumbre e hizo su trabajo. 

Todas las damas cuchicheaban y se reían con mirada coqueta pues aquel hombre en verdad era atractivo. Este para no perder el tiempo se acercó a una bella joven y la sacó a bailar, pero al percatarse de que su gentil compañero, en lugar de pies, tenía “unas horripilantes y peludas pezuñas de cabra, con matices blancos combinándose con gris oscuro…”, según se describe en la leyenda se desplomó.  

Se dice que aquel hombre guapo se esfumó dejando un penetrante olor a azufre y la joven quedó en el centro de la pista, agobiada por la terrible impresión por la que acababa de pasar, los ojos se le voltearon, comenzó a temblar y a expulsar una saliva blanca y espumosa por la boca. 

Ante esto, los jóvenes quedaron perplejos ante lo que estaban viendo sus ojos, buscando un lugar donde esconderse de aquel panorama tan aterrador.  Al día siguiente la noticia corrió como pólvora y los presentes daban fe de lo sucedido, dejando a todos asustados de que en Mazatlán el diablo se había aparecido. 

De la muchacha, nadie sabe qué pasó, si se recuperó o murió, del susto ya nadie habló de ella.